10 de marzo de 2012

SEA FELIZ A TIEMPO

Cuenta la leyenda que un hombre oyó decir que la felicidad era una tesoro. A partir de aquel instante comenzó a buscarla.
Primero se aventuro por el placer y por todo lo sensual, luego por el poder y la riqueza, después por la fama y la gloria, y así fue recorriendo el mundo del orgullo, del saber, de los viajes, del trabajo, del ocio y de todo cuanto estaba al alcance de su mano.
En el recodo del camino vio un letrero que decía: ‘’le quedan dos meses de vida’’, aquel hombre, cansado y desgastado por los sinsabores de la vida se dijo: ‘’Estos dos meses los dedicare a compartir todo lo que tengo de experiencia, de saber y de vida con las personas que me rodean’’.
Y aquel buscador infatigable de la felicidad, solo al final de sus días encontró que en su interior, en lo que podía compartir, en el tiempo que le dedicaba a los demás, en la renuncia que hacía de sí mismo por servir, estaba el tesoro que tanto había deseado.
Comprendió que para ser feliz se necesita amar, aceptar la vida como viene, disfrutar de lo pequeño y de lo grande, conocerse a sí mismo y aceptarse así como es, sentirse querido, pero también querer y valorar, tener razones para vivir y esperar y también razones para morir y descansar.
Entendió que la Felicidad brota del corazón, con el roció del cariño, la ternura y la comprensión.
Que son instantes y momentos de plenitud y bienestar, que está unida y ligada a la forma de ver a la gente y de relacionarse con ella, que siempre esta de salida y de que para retenerla hay que gozar de paz interior.
Finalmente descubrió que cada edad tiene su propia medida de felicidad y que solo Dios es la fuente suprema de la alegría, por ser el: amor, bondad, reconciliación, perdón y donación total.
Y en su mente recordó aquella sentencia que dice:
‘’Cuanto gozamos con lo poco que tenemos y cuando sufrimos por lo mucho que anhelamos’’

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