19 de marzo de 2012

NUESTRO EJEMPLO, NUESTROS HIJOS

Don Roque era ya un anciano cuando murió su esposa, durante largos años había trabajado con ahínco para sacar adelante a su familia. Su mayor deseo era ver a su hijo convertido en un hombre de bien, respetado por los demás, ya que para lograrlo dedico su vida y su escasa fortuna.
A los setenta años, Don Roque se encontraba sin fuerzas, sin esperanzas, solo y lleno de recuerdos. Esperaba que su hijo, ahora brillante profesional, le ofreciera su apoyo y comprensión, pero veía pasar los días sin que este apareciera, y decidió por primera vez en su vida pedirle un favor.
Don Roque toco la puerta de la casa donde vivía el hijo con su familia.
---Hola Papa… que milagro que vienes por aquí.
---Ya sabes que no me gusta molestarte, pero me siento muy solo; además estoy cansado y viejo.
---Pues a nosotros nos da mucho gusto que vengas a visitarnos, ya sabes que esta es tu casa.
---Gracias hijo, sabía que podía contar contigo, pero temía ser un estorbo, entonces no te molestaría que me quedara a vivir con ustedes? Me siento tan solo.
---Quedarte a vivir aquí? Si… claro… pero no sé si estarías a gusto. Tu sabes la casa es chica… mi esposa es muy especial… y luego los niños….
---Mira, hijo, si te causo muchas molestias olvídalo. No te preocupes por mí, alguien me tendera la mano.
---No padre, no es eso, solo que… no se me ocurre donde podrías dormir, no puedo sacar a nadie de su cuarto, mis hijos no me le perdonarían…. O solo que no te moleste…
---Que hijo?
---Dormir en el patio…
---Dormir en el patio…. Está bien.
El hijo de Don Roque llamo a su hijo de doce años.
---Dime Papa.
---Mira hijo, tu abuelo se quedara a vivir con nosotros, tráele una cobija para que se tape.
---Si con gusto… y donde va a dormir?
---En el patio, no quiere que nos incomodemos por su culpa.
Luis subió por la cobija, tomo unas tijeras y la corto en dos. En ese momento llego su padre.
---Que haces Luis? ¿Por qué cortaste la cobija de tu abuelo?
---Sabes papa, estaba pensando…
---Pensando en qué?
---En guardar la mitad de la cobija para cuando tú seas ya viejo y vayas a vivir a mi casa.

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