Permite que tu mente se vuelva como un lago tranquilo, sin olas, y disfruta de esta experiencia. Al finalizar un día, es importante sentarse con uno mismo y dejar que la mente se estabilice. Lentamente, permitir que la mente se vuelva pacífica y serena, como si el día entero no la hubiera afectado. Para esto, has el ejercicio de enfocarse en un punto específico y concentrarse en si mismo como si tu fueras un punto. Visualízate como un punto de luz brillante; un punto no trabaja y no actúa, simplemente existe y acepta la existencia tal cual es. Al hacer este ejercicio, poco a poco verás tu mente convertirse en algo más suave y sutil, lleno de paz y serenidad.
8 de enero de 2010
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