25 de mayo de 2009

Meditacion del Dia

EL VIENTO QUE DA EN LA CARA
DE UN HOMBRE LO HACE SABIO.
JOHN RAY

La forma en que reaccionamos ante las decepciones con frecuencia puede ser mas dolorosa y debilitadora que las decepciones mismas. Algunas personas, por ejemplo, se pierden las alegrías de la vida porque nunca se recobran de las decepciones. De hecho, se ven inmovilizadas por su amargura y su cinismo. Otras cargan con un rencor duradero dirigido contra la gente que supuestamente las humillo o desdeño. También hay quien se retira a lamerse las heridas y nunca mas vuelve a confiar en alguien.
Las grandes decepciones pueden ser trágicas desde el punto de vista personal, de ello no cabe la menor duda. Sin embargo, no necesitamos llegar a los extremos que acabamos de citar. En la mayoría de los casos tenemos la posibilidad de elegir.
En primer lugar, recordemosnos a nosotros mismos que la vida tiene que seguir, y seguirá, a pesar de las adversidades y de nuestra subsiguiente decepción. Hagamos todos los esfuerzos posibles por aprender de lo sucedido y aceptar las cosas tal como están ahora. Si lo logramos, sera mucho mas fácil trazar nuevos planes y crear estrategias nuevas de acuerdo con los cambios experimentados por la situación.
Lo mas importante de todo es que podemos buscar consuelo en nuestra fe, confiar en la sabiduría de Dios y la corrección del plan que ha trazado para nosotros.
TODO SUCEDE POR UNA RAZÓN,
DE ACUERDO CON EL PLAN DE
UN DIOS AMOROSO.

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